viernes, 18 de febrero de 2011

LA NUEVA CRISIS FINANCIERA YA TIENE HOGAR


Luego de la llamada crisis “NINJA” (No income, No Job, No Assets) del 2008 todo parece estar calmado en el mundo. La preocupación dejó de invadir todos los sectores de la economía y la especulación quedó guardada en el baúl de los recuerdos.  Al menos, eso es lo que parece estar sucediendo en el mundo. Sin embargo, tal error garrafal volverá a costar al mundo millones y millones de dólares (o cualquiera que sea la moneda en cuestión), pues la nueva crisis financiera ya tiene hogar, está instalada y sus consecuencias parecen ser aún más nefastas que su predecesora.

Es España entonces el país que en este momento está encubando una de las mayores y mas profundas crisis de los últimos años, incluso más severa que la subprime del 2008. Y contrario a la opinión pública, esto no es nuevo. De hecho, esta crisis lleva años latente y ha sido contenida por el Banco Central para evitar un desajuste total en la economía Europea y por ende mundial.

El origen de esta crisis reúne una serie de eventos cosechados por años y detenidos artificialmente para evitar el desastre que ha de venir prontamente

Uno de estos eventos, nace como consecuencia de una “catástrofe” inmobiliaria en España, producto de una impresionante burbuja que representó en su momento un apogeo económico, pero que como toda burbuja llega a su fin y hoy en día materializa cientos de miles de viviendas invendibles en inventario. Lo cual evidentemente se traduce en dinero inactivo y en 10% del PIB comunitario, esto sin contar que la gran mayoría de dichas viviendas fueron financiadas mediante capital exterior. He aquí una de las piezas claves de esta hecatombe, ya que la quiebra no será solo española, sino que se expandirá hasta el origen de estos capitales.

En este orden de ideas, el impacto llegará consecuentemente a la banca. Para empezar la deuda pública asciende al 50% del PIB, lo cual inevitablemente ocasionará la formación de “Bancos Zombies”, tal como le sucedió a Japón en la década de los noventa. Así mismo, es de esperar un largo periodo de deflación, situación que se verá reflejada en una masiva insolvencia bancaria. Dicha insolvencia ya está presente en la banca y se materializa en la refinanciación automática que los bancos están llevando a cabo actualmente, mediante el proceso conocido como “Roll-Over”. Así, el gobierno intenta contener una bola de nieve que cada vez se hace más grande, pero cuyo espejismo no durará mucho, pues mediante las inyecciones masivas de capital a las entidades financieras, no se logra acabar una crisis, sino acrecentarla, pues las deudas se hacen mayores y no hay flujos para pagarlas.

Así las cosas, es entonces el momento propicio para que se hagan presentes los especuladores y el resto del trabajo quede hecho. Y entonces la bola de nieve se hace incontenible, y la crisis se muda a Irlanda, Portugal y Grecia –países que ya tienen problemas similares- y sus efectos llegarán al corazón mismo de la Unión Europea. La razón de esto es sumamente sencilla: Si el deudor no tiene con qué pagar, el acreedor queda ilíquido. Y esto es lo que sucederá en Europa, cuando los deudores como España, Irlanda, Portugal y Grecia no puedan contener sus respectivas crisis fiscales, inmobiliarias y financieras y por ende no puedan pagar las obligaciones que han contraído con países como Alemania y Francia, quienes se verán en la penosa tarea de recapitalizar a España y a sus homónimos en crisis.

Los alcances de esta crisis financiera sólo se conocerán cuando llegue el momento, no obstante, haciendo unos cálculos someros (Deflación del 6%, pérdidas superiores a €$250,000 millones en el mercado inmobiliario, etc.) se espera que los efectos sean devastadores y que su trascendencia alcance fenómenos de orden social como desempleo y en consecuencia hambre, pobreza y delincuencia.

Es evidente entonces que la próxima crisis financiera tomará lugar en España y se expandirá rápidamente a través del continente Europeo, donde todo será como un efecto dominó que derriba pieza tras pieza hasta llegar a la más fundamental: la especulación, ya ahí todo será historia, porque será el escenario de la nueva crisis financiera de orden mundial cuyos alcances tendrán como destino Estados Unidos y la misma Latinoamérica, y cuyos efectos serán devastadores para la economía mundial. Por esta razón, es evidente que la nueva crisis financiera ya tiene hogar.

domingo, 6 de febrero de 2011

¿ESTRATEGIA = COMPETITIVIDAD?


¿ESTRATEGIA = COMPETIVIDAD?

¿Por qué una empresa es más exitosa y rentable que otra? ¿Por qué si todo se hace bien, el cliente no queda satisfecho? ¿Por qué luego de tantos esfuerzos las estrategias no dan resultado? Éstas y muchos más preguntas sin resolver continúan siendo el dilema para muchos ejecutivos en la actualidad, sin  embargo ignoran la palabra clave en su pregunta: Estrategia! Y es que parece ser la palabra de moda. Todas las empresas tienen estrategias, siguen un plan estratégico, contratan un director estratégico, tienen un departamento de estrategias, y la lista puede seguir y seguir. Pero resulta paradójico que aún con el boom de la estrategia, muchos empresarios ni siquiera conozcan su significado real, su aplicación a la empresa y sobre todo, su  evidente relación con la competitividad. Dicho esto, se hace entonces perenne explicar qué es realmente una estrategia, sus elementos principales y su innegable relación con la competitividad, pues definitivamente ser estratégico no es necesario, es imprescindible.

Así las cosas, puede decirse que una estrategia genéricamente hablando es una táctica para superar el desempeño de los competidores en un sector industrial[1], es decir, es un plan o una ruta a seguir en el estricto sentido de la palabra. Sin embargo para entender realmente la función de una estrategia en la empresa debe comprenderse la  compañía a profundidad, así como su entorno tanto a nivel macro, como a nivel del sector industrial al que pertenece. En este sentido, esto último representa tal vez lo más importante cuando de trazar una estrategia se trata, pues ésta debe tener en cuenta tanto lo interno como lo externo y debe materializar la ruta que se emprenderá para alcanzar los objetivos organizacionales plasmados bien sea con relación o sin relación de la competencia.

Ahora bien, sabiendo entonces el concepto de estrategia en su estricto sentido, es necesario entonces hablar de los elementos principales para su formulación. Éstos no son mas que los parámetros bajo los cuales una estrategia es diseñada, cualquiera que fuese su naturaleza. En este contexto, puede decirse que para trazar una estrategia es necesaria la combinación de de dos conocimientos fundamentales: el autoconocimiento en un primer momento, es decir, saber lo relacionado con la empresa, con lo propio, lo inherente a la organización; y el conocimiento de las fuerzas competitivas en un segundo momento, es decir, entender los diferentes patrones que rige a la competencia en la cual se encuentra inmersa la compañía y bajo la cual debe diseñar sus estrategias. Con estas dos herramientas de puro conocimiento, es posible entonces delinear una construcción particular de la empresa y de sus circunstancias únicas y particulares las cuales proyectarán la visión necesaria que requiere y por ende los planes que ésta dicta a seguir.

Entonces, ya conociendo lo qué es una estrategia y sus elementos claves puede decirse sin duda alguna que su relación con la competitividad es innegable e imprescindible si se quiere salir adelante en un mundo cada vez más competitivo y cuyas fuerzas son mayores. De esta forma, la relación competitividad-estrategia van de la mano, en cuanto la formulación de esta último supone un conocimiento total y absoluto del medio en el cual se desenvuelve la compañía. Y una vez este conocimiento está bajo sus dominios, es sólo cuestión de trazar el plan que más se ajuste a sus necesidades. Así, si una empresa desea ser competitiva y mantenerse bajo este anhelado status, su respuesta es simple y compleja a la vez: necesita crear una estrategia, que combine sus necesidades únicas y se base en el autoconocimiento y el de las fuerzas competitivas, siempre con una premisa en mente: todo lo que gira en torno a la industria se considera competencia, no sólo quien produce lo mismo, no. El poder de los proveedores, de los compradores y los sustitutos son competencia y deben ser tomados en cuenta al momento de diseñar una efectiva estrategia. Y en este punto surge quizás uno de los principales problemas que daría paradójicamente respuesta a las preguntas inicialmente planteadas en este escrito. Es decir, para aquellos ejecutivos que piensan que su estrategia no funciona, y más específicamente su estrategia competitiva, es probable que sea por que aún considera que quien hace lo mismo que él es su competencia. Lamentablemente este ejecutivo no puede estar mas equivocado, pues los sustitutos de su producto son también su competencia directa y las fluctuaciones que dichos sustitutos presenten repercutirán de forma directa en su negocio y por ende en su rentabilidad.

He ahí la importancia de una estrategia competitiva. Está directamente relacionada con la competitividad en el sector y la permanencia de una empresa en el mismo. Por lo tanto reiterar esta afirmación es fundamental: ser estratégico no es necesario, es fundamental. Y para aquellos que aún piensan que su estrategia no funciona, deberían revisar si lo que entienden por estrategia es lo correcto, si su conocimiento sobre la empresa y la industria es el suficiente y entonces sí apelar al mal o buen funcionamiento de una estrategia en la empresa.




[1] PORTER, Michael. Estrategia Competitiva: Técnicas para el análisis de los sectores industriales y de la competencia. N.d., p56